Hoy supe que el silencio era tu ombligo. O esa costumbre de besarlo cuando se distrae su cosquilla, aunque obligo a que despierte y me mire, gritando la impotencia de embriagarse. O puede que el silencio sean tus manos, bajo la flor que dibujan para que quede en mi vientre, aún cuando sé que el tajo de mi blusa es alto. Y la gente mira. Nuestros silencios se comportan poco. Cada vez menos. Y sé que si el loco temblar de tu aliento, fuera mentira en mi pecho. Si callaran la cruda fe del silencio, quedaría muda.