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EL MÁS ROJO DE LOS SALUDOS

Irrumpiendo en dos mundos tan antagónicos como simétricos. Ambos cerrados por bocas ahogadas. Vueltas y más vueltas de rutina ganando sus cuellos. Irrumpiendo en esos huecos dormidos. Casi sin aviso. Asustándolos. Llegó a las dos de la mañana la pasión. Un sillón la sostiene en la longitud tensa de su cuerpo. Alguien le avisa la llegada de un huésped. Se incorpora. Corre al baño. Repasa sus ojos. Ojos que no entienden el temblor. Ella tampoco. La televisión desaparece. Lluvia dentro y fuera de su calma. El camisón es corto. Las piernas descubriéndose desnudas buscan una manta. Son las 2 de la mañana. Él llegando a una casa extraña. En un auto donde ella estuvo. Se la huele, se la sabe, se la siente entera. La ciudad también extraña metiéndose en sus uñas. Por eso las manos, resistiéndose, se cierran en un puño impenetrable. Un auto muy chico en el que apenas cabe. Él y los cien latidos simultáneos de su garganta. Sabe que esta despierta. De repente imágenes. Esos ojos que lo comen, qu...

SONETO I

Bajo tus ojos se desmiente tu color, como la pena le teme a la gota presa del llanto. Se esconde si flota en mis labios, delatante, todo el valor que trepa al verde. E inventa en antojos solo un color falso. Lentas, mis manos se inquietan queriendo entenderlo. Vanos deseos los que inspiras en tus ojos. Y me quedo cayendo por sus bordes dormidos, como lágrima en acordes de sombra. Odiando a quienes perfuman los azules que en tu silencio calas, sin que encuentres en mi tu verde, alas bajo mi cuerpo, pieles que se suman. .

LLORARÉ AZUL

Mis ojos han callado lluvia. Trenzaron la distancia en sus pestañas. Pulieron, parpadeando el tiempo, recuerdos que emergían agudos, hirientes. Mañana lloraré azul. Mis pestañas pesando distancia caerán deshechas, y brillará filosa la punta de la memoria, traicionando mi esfuerzo. Tu mirada retumbará en mis ojos. Sacudirá su olvido sobre las heridas abiertas de mi ensueño. Caerán mis ojos. Mañana, lloraré el azul de tus pupilas. .

RENDICIÓN

Ahora que tus manos son mi cintura y las mías se esconden, lentas, entre el pelo mareado en tu cabeza para no saberse sonrojadas. Ahora que en mi pecho está la sombra de tu aliento, y despacio, la mía gana tu vientre, con mordidas asombradas y suspiros y temblores. Ahora que mis brazos ya se cierran, sosteniendo entero el peso de tu furia, y clavan con las uñas mi gemido, en tu grito. Ahora que la lluvia se parece a la yema de tus dedos, caminando mis piernas y llenando mi ombligo. Ahora que la luna solo copia la figura de tu espalda, y mis manos esculpiéndola. No soy mía. .

PERDIDA EN QUIETUD

Poema inspirado en el cuadro de Degas, “El ajenjo”. Hay un silbido de olvido en El Café. Silencio de muchedumbre. Su mirada, aún camina las palabras que curvaron su espalda y sus labios. Trata de acariciarlas, de retenerlas, pero ya han rebotado en arrugas de relojes disecados. La aturde la música de su lágrima. La aísla, lágrima seca que grita entre rostros huecos. Pesada. Sin verse, en un eco eterno que siega su oído. Ella aún lo mira. Sus ojos bordean sus labios, bañándolos con aliento de arena. Le han devorado el viento al que llaman alma. Nada mueve sus cabellos. Nada. Pregunta si existe la fuerza que levante sus hombros. Le pesan. Sigue mirándolo y pinta sus manos, transparentes. Las recuerda sobre su cuerpo untando ilusiones, clavando estigmas. Manos que robaron su piel, deshojando sus voces. Las besa, humectada de soledad. Él flota en silencio sobre su mirada. Flota sin sombra. A veces su imagen se nubla. No es el tiempo, sino llanto. Lo mira inmune al olvido. Perfume marchito ...

MUDANZA

Después de 5 años habían decidido mudarse. Las suelas de sus zapatos necesitaban nuevos polvos. Los ansiaban. Él la esperaba en el auto con los últimos bolsos de la mudanza, los más insignificantes. Ella recorría ese departamento, que en unas pocas semanas, se transformaría en un perfecto extraño con perfume a recuerdo. No revisó todos los cuartos, solo el matrimonial, la cocina, el living, los baños. Nada más. Un bocinazo rompió su nostalgia y pudo girar la manija de la puerta. Respiró aliviada, había pasado lo peor. Corrió al auto. Tenían que llegar a destino antes que los muebles. -Qué ridículo- pensó. -Que no nos ganen los muebles- reflexionó en voz alta, mirando a Paul con una sonrisa de chiste malo. Paul se rió, no del chiste, y la miró de reojo, con la ternura que envuelve la paz de saber que alguien ha superado un tormento. En el viaje no hubo silencios. Ya había habido demasiados en los últimos años. -Calculé el tiempo que me va a llevar llegar a la oficina. Media hora, no más...

ACLARACIÓN

Lo único que puedo decirte, es que a veces la poesía embellece demasiado. Crea caricias que al tacto resultan imperceptibles. Y besa sin labios. Eso es poesía, si, recrearnos en cada verso. Embellecernos. Pero a veces cuesta mucho parecérsele. Llega el encuentro, y somos demasiado reales. .